El apagón de Cuernavaca El ovni que vio un presidente
Ustedes saben que yo soy de la generación de 1939 de la Facultad de Derecho de la UNAM, es decir, fui compañero de algunos abogados que con el tiempo llegaron a ser muy conocidos, tal es el caso de José López Portillo, que fue presidente de México, Jesús Reyes Heroles, que tuvo diversas posiciones en el gobierno de México, posiciones muy importantes tal vez equivalentes a la presidencia a la que no pudo aspirar por ser hijo de padre español, y la constitución de México, heredera de un México recientemente independizado, no quería que los criollos pudieran aspirar a la presidencia del país. (Aunque, en realidad, si observamos a los presidentes con el paso del tiempo todos ellos son casi criollos o mestizos pero tirando a blancos. Posiblemente el único indígena haya sido don Benito Juárez, indio zapoteca de raza pura, de una honradez, de un idealismo, de una abnegación, de una obstinación, como dijo Amado Nervo, "verdaderamente extraña".)
Yo pertenecía a un grupo que capitaneaba el doctor en derecho Octavio A. Hernández a quien mucho estimé y que escaló puestos importantes y hubiera sido también un magnífico presidente de la república, pero no llegó ni siquiera a la categoría de candidato o precandidato, pues padecía un mal congénito de falta de coordinación muscular que representaba un verdadero estorbo para una carrera política. Sin embargo realizó varias campañas políticas, entre ellas la de su propia diputación ya que fue diputado a la cuadragésimo sexta legislatura presidida por don Alfonso Martínez Domínguez. Esta diputación fue coronada por un éxito verdaderamente extraordinario ya que dio a México, producto de la gran calidad del abogado Octavio Hernández, la maravillosa colección de 9 grandes tomos, Los derechos del pueblo mexicano. Otro compañero mío recientemente fallecido igual que Octavio, el licenciado Alfredo Uruchurtu, fue de los compiladores y de los hombres que más trabajó junto con Octavio, en la redacción de las notas de pie de página y otros trabajos de compilación jurídica, y de derecho comparado, pues Alfredo hablaba a la perfección inglés, francés, alemán y era un verdadero maestro en latín.
De los compañeros que tuve yo puedo mencionar a una infinidad, entre los que recuerdo en primerísimo lugar a Don Héctor Sarmiento, presidente del Centro Patronal, Miguel Fernández Aguirre, Santiago Oñate, padre del actual secretario del trabajo, hombre brillantísimo, o David Peñaloza Santillán, padre de los Pañaloza del grupo Tribasa, y algunos otros más que, aunque no fueron compañeros directos, pertenecieron a una generación posterior como Luis M. Farías, locutor y político, gran abogado que llegó a ser gobernador del estado de Nuevo León y presidente municipal de Monterrey, y antes de eso fue diputado varias veces, jefe del control político de la Cámara de Diputados y se inició como presidente de la Asociación Nacional de Locutores de México. Compañero de generación de él fue otro ex presidente de México: Luis Echeverría Álvarez, muy amigo de nuestra generación porque guardaba una entrañable amistad con José López Portillo. Era tan grande su amistad que, cuando fue a pedir la mano de-María Ester, se hizo acompañar de López Portillo, llegaron en el coche de López Portillo con un traje de López Portillo y apadrinado por Pepe. Puedo decirles a ustedes que cuando salió presidente Luis Echeverría Álvarez inmediatamente exclamé: "el que sigue es Pepe", porque eran tan amigos entonces, muy lejanos los tiempos en que Pancho Galindo Ochoa publicara aquel desplegado que decía: "¿Tú también, Luis?" Desgraciadamente la política nos hace olvidar los lazos entrañables de amistad de nuestra juventud.
Tal vez esto no venga a cuento pero se lo platico para que más o menos se den ustedes cuenta del grado de amistad o de intimidad que había en todos estos grupos que se gestaron en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de México.
Yendo a nuestro asunto quisiera yo decirles que durante el gobierno del licenciado Echeverría, corría ya el cuarto año de su sexenio, un día los locutores siempre atentos a la política invitamos a desayunar al presidente. Yo no era ya presidente de los locutores, pero asistí con mucho gusto, máxime tratándose de un antiguo compañero y amigo. He de decirles que siempre le hemos tenido mi esposa y yo a María Ester un cariño muy especial, pues siempre la hemos considerado una mujer auténtica. Se burlaban de que en Palacio Nacional, en la noche del grito, ya no se daban whiskies importados, cognacs ni bebidas caras, sino agua de chía y agua de jamaica, lo cual es realmente loable y, aunque la sociedad hacía gestos ante el agua de jamaica o la naranjada, yo lo aplaudía desde el fondo de mi corazón. Y tales eran las disposiciones de palacio, que estoy seguro que emanaban desde su republicanismo y su democracia, consciente de que era la primera dama de un país pobre y que no podíamos dar el espectáculo como lo dieron los reyes de Francia ante la miseria del pueblo. Así es que a María Ester la hemos querido muchísimo en mi hogar y en mi familia.
Llega el presidente de México al desayuno, y se levantan todos y comienzan a saludarlo, pues además él tenía un espíritu de grupo muy jovial y todos (que poco necesitan los locutores para ser confianzudos) comenzaron a abrazarlo y a darle palmadas en la espalda. Comenzó a rodar la conversación y los locutores, que somos tan comunicativos, comenzamos a platicar con él abiertamente, como si fuera un muchacho, un joven amigo de nuestra profesión, y así era México, que tendría que recorrer tiempos difíciles. Pero si hace todavía hace 6 años nos burlábamos de él y hablábamos de la docena trágica y cosas así por el estilo, ahora, al comparar, nos damos cuenta de que no estábamos tan mal y que posiblemente el salario mínimo real más alto que hayamos tenido en los últimos sexenios fue durante el gobierno de Luis Echeverría. La plática giró en torno de mil cosas y como decía Wilde, "la plática es como una madeja de estambre jugada por un gatito que se va deshaciendo por aquí y por allá", y llegó al asunto de los ovnis, en cierto modo tomado un poco a broma, sino es que a choteo, y me querían enredar a mí un poco para que el Lic. Echeverría se sumara a la burla de los demás; pero cuál no sería la sorpresa de aquellos jóvenes, que estábamos tan jóvenes que ni cuenta nos dábamos, que Luis Echeverría, endureció el ceño y les dijo: "Yo he visto un ovni." No sabían si era broma, o si era verdad y se quedaron un poco a la expectativa, entonces se oyó la voz grave de Echeverría diciendo:
"Estábamos el otro día en Cuernavaca, la noche del apagón, Amalia Hernández, la gran coreógrafa mexicana, la fundadora del ballet folklórico de México, mi esposa María Ester y yo, en la terraza, en una modesta casa (y sí era modesta) que tengo en Cuernavaca. De pronto vemos como si fuera un lapicero iluminado, un ovni o sea lo que llamamos nosotros una nave nodriza, en el firmamento, que provocó el apagón de Cuernavaca. No se movía la nave de ahí y le dije a un ayudante: 'Háblale al Lic. Reyes Heroles', el cual vivía casi junto de ellos, en otra casa. `Dice el Lic. que ya lo vio.' Pues ahí estábamos nosotros viendo aquel fenómeno verdaderamente inusitado, y pensé en ti —me dijo— entonces Pedro tiene razón." Todos se quedaron asombrados de que el Lic. Echeverría lo hubiera platicado.
Otro día, entre Jorge Z. de la Colina y su esposa Lupita, hija de aquel gran locutor mexicano que fue Alonso Sordo Noriega, me relataron lo siguiente: fue el presidente de la República Luis Echeverría a una inauguración de un conjunto habitacional del ISSSTE, y se armó toda la comitiva. Jorge Z. y Lupita no tenían nada que ver con el asunto, pero querían hablar con don Luis y se unieron al grupo, esperando en algún momento poder pedirle una cita o lograr algo que querían. Después de un recorrido de 2 horas, y todavía les faltaba mucho, se fueron a un comedor y llegaron todos: el director del ISSSTE, y el director del conjunto habitacional y mil gentes que andan en estas giras presidenciales y en estas inauguraciones, más Jorge Z. de la Colina y Lupita Sordo Noriega. Entran todos en bulla, en una aparente desorganización, y se sientan en un comedor muy amplio de la unidad. Ahí iban a tomar algo, tal vez un refresco o un jugo. De pronto, rompiendo el silencio que se arma porque nadie quiere hablar, aunque eran bastantes gentes, más de 200 (esto fue a la semana de lo del apagón de Cuernavaca), el presidente dice: "¿Qué opinarían ustedes de un presidente que ha visto un ovni?", y él mismo se contestó, "Pues posiblemente que esté loco. Pues tienen ustedes un presidente loco, porque Amalia Hernández, mi esposa María Ester y yo vimos un ovni el domingo", y les narró lo mismo que nos platicó en el desayuno de los locutores. Nada más que esto fue inmediatamente después, y lo del desayuno de los locutores fue casi un mes o dos meses después. Así que vino a ratificar la aparición con su doble narración.
Yo narro este caso porque es de interés para todos que un presidente lo haya visto, porque lo vio su esposa, porque lo vio Amalia Hernández y lo vio Jesús Reyes Heroles, aunque nunca le pregunte a Reyes Heroles si había estado su esposa o sus hijos presentes. Tiempo después, cuando entra al gobierno José López Portillo y Reyes Heroles me llama para ser director de Notimex, le dije: "Tal vez, Chucho, no sea conveniente porque yo me he distinguido por la investigación ovni y puede prestarse un poco a bromas", y él me contestó muy serio: "No es ninguna broma, es una investigación que tú estás haciendo de algo que sí existe y, al contrario, esto te da un respaldo oficial en cierta forma." Yo lo acepté porque era un amigo tan inteligente, y además era jefe de mi sector, ahora desde luego he de decirles a ustedes que este asunto del apagón de Cuernavaca me fue confirmado por el gobernador que en aquella época era don Emilio Riva Palacio. Éste es en términos generales el asunto del apagón de Cuernavaca.